La rebelión de la razón, la rebelión de Gregorio
Borja Corominas, Portavoz del PP en el Ayuntamiento de San Sebastián
“Una panda de descerebrados, los cachorros de ETA, los alevines de HB, esa escoria, ellos son los únicos provocadores, aquí caben todas las personas de buena voluntad. Exigimos que la basura empiece a circular por las cloacas, las personas normales no tenemos porque toparnos con ellos por la calle. Los únicos que sobran son ellos y sus invitados especiales, los pistoleros de ETA.”
Gregorio Ordoñez no contemporizaba, no trataba de gustar a todos, trataba de servir a su ciudad y a su país. Defendiendo, sobre cualquier otra cosa, la libertad. Hablaba tan claro que daba miedo oírle. En una época en la que pocos se atrevían a alzar la voz, la voz de Gregorio resonaba alta y era reconocible. Removía conciencias a los hijos del odio y reconfortaba a una mayoría silente pero comprometida con la convivencia en paz.
“Prefiero estar amenazado por ser fiel a mis principios que vivir con la comodidad de quienes se arrodillan suplicantes ante ETA”. Qué lejana resuena esta idea de grandeza en la política del 2025, donde todos los principios parecen estar en venta, todos los ideales se relativizan, y el pacto ya no pretende sumar, sino dividir.
El documental producido por el Diario Vasco “Gregorio Ordoñez, el asesinato que despertó la rebelión contra ETA” es un grito en el silencio. Es necesario que la sociedad vasca camine hacia adelante, pero no a costa de olvidar a sus héroes, de menospreciar su trabajo, de ignorar su sacrificio. Los comandos asesinos de ETA ya no existen, la idea por la que asesinaron y el germen que les movilizó siguen hoy más vivos que nunca.
Lo comprobamos cada día en las páginas de este periódico, en las redes sociales, en nuestras calles. Destruyen símbolos de todos, amedrentan a quienes piensan diferentes, amenazan a profesores universitarios, dibujan dianas alrededor de las caras de representantes políticos, se organizan en piaras de centenares para agredir a unos pocos y vandalizan sedes de nuestros partidos políticos.
Todo eso lo ha hecho durante el último mes Arnai, las juventudes de Sortu, partido liderado por Otegi y mayoritario, por no decir único, en la pseudo coalición EH Bildu.
¿Son culpables esos chavales, que han nacido y crecido en el odio, de odiar tanto? ¿Qué les hemos explicado durante todos estos años? ¿Qué hemos hecho mal?
La ideología que dio cabida a la barbarie de ETA es hoy mayoritaria en el País Vasco. El nacionalismo ocupa el 75% de los escaños del Parlamento de Vitoria. El PNV es el responsable de la educación de todas las generaciones de jovenes vascos desde hace más de 40 años. ¿No tiene acaso algo de responsabilidad en lo que está pasando?
En un debate post electoral después de las elecciones europeas que en San Sebastián ganó el PP, Gregorio Ordoñez le recriminó a Egibar, entonces presidente del GBB, que una vez más se le había “escapado lo de siempre, ¿no? Que hay fuerzas políticas que son de aquí, y los demás debemos ser marcianos”. La respuesta de Egibar condensa todo lo malo de la política vasca: “no se me ha escapado”.
Hanna Arendt, en su ensayo “Sobre la Naturaleza del Totalitarismo” dejó escrito que “sabemos lo cerca que han estado los pueblos bajo dominación totalitaria de ser llevados, por medio del terror y del adiestramiento ideológico, a la ausencia de todo sentido, siendo ellos mismos ajenos a esa alienación”.
No vivimos en una sociedad totalitaria, pero si bajo una ideología totalitaria. Aquellos que durante lo más duro de los años de plomo eran capaces de negar su condición de vascos a los que luchaban por la paz, son los que hasta ahora han negado a las nuevas generaciones de vascos la posibilidad de conocer la historia reciente de su pueblo, a que conocieran a los verdaderos héroes vascos.
Por eso estamos tan orgullosos de haber conseguido que el documental “Gregorio Ordóñez, el asesinato que despertó la rebelión contra ETA” se vaya a proyectar en las aulas donostiarras.
La única manera para combatir los totalitarismos es contar los totalitarismos. Señalar sin complejos a los que los apoyaron y dieron aliento, y a los que, cómplices, hoy los justifican e incluso añoran.
La senda de la democracia está llena de obstáculos y los límites son muy angostos. A un lado está el olvido, al otro el miedo, que desemboca en el odio y el totalitarismo. Los dos, en realidad, son lo mismo. La democracia es memoria, es compromiso y activismo ciudadano. Es respeto al Estado de Derecho. Es valentía cívica y sólo pueden construirla líderes como Gregorio, que inspiraron a tantos otros.
Gregorio no despertó la rebelión contra ETA. Él, y muy pocos más, era la rebelión contra ETA.
Quizás algunos todavía no lo crean, pero Gregorio, lo que simbolizaba Gregorio, ganó. Aunque se pudo perder Gregorio ganó porque todavía le recordamos y, gracias al documental del Diario Vasco, cada vez más jóvenes donostiarras sabrán quién fue.
A la vuelta del olvido está el totalitarismo. Recordemos.